martes, 12 de abril de 2016

Disfrutamos: se adaptó al jardín y fui libre.

La semana pasada fue la primer semana en la que no me tuve que quedar sentadita afuera del jardín esperando que Vicent me fuera entregado hecho una bola de llanto o intentando espacarse.
El detalle es que arrancamos el 2 de marzo, lo que da como resultado un mes de revoleo de patadas, de caprichos y de esperas.

Se ha revolcado en el piso, ha gritado, se ha avalanzado sobre la puerta, ha corrido hacia la calle, pero finalmente el sistema triunfó y por primera vez en mucho tiempo llegué a casa, sola, en silencio.

Y como si esto no fuera poco motivo de alegría -si, las mamis necesitamos paz-, el sarangundeo (término técnico si los hay ?!) al que se lo somete me lo devuelve con un tal sueño que se traduce en una siesta de al menos una hora y media mas cuando llegamos a casa.

Y para mas alegría, como hace siesta temprano, es mas facíl dormirlo a la noche.

Jamás creí que el "jardincito" tuviera tantos beneficios. Porque a esto debemos sumarle lo bien que le hace un nene estar con sus "pares" y lo que les copan esas cosas que se les ocurren a las maestras y que vos mirás diciendo "como no se me ocurrió?"

Pero lo mas gracioso de todo es que en mi "momento de paz" no hice otra cosa que retocar fotos de Vicente. jajaj #mamisissues

Noten que las fotos son de navidad  je je je la vida se me vuela...